viernes, 30 de mayo de 2008

Nelson, Don Nelson.


Ocupo la tercera cama de esta habitación, de la UTI, unidad de tratamientos intensivos del hospital de Coquimbo. Las otras dos camas, son utilizadas por un par de geriátricas mujeres provenientes del interior de la región. La cuarta fue desocupada anoche, luego que una inmisericordiosa cirrosis devastara a una joven anciana de 34 años. La sala aun huele a muerte y los últimos, lentos y aletargados quejidos de vida de ese ser humano, parecen haber quedados estancados, vociferando desesperados desde los ángulos de cada esquina de esta sala de hospital, como tratando de decir todo eso que ya nunca mas podrá decir. Hoy se espera reemplazante.

Hoy una de las dos señoras restantes, tiene visita. Una mujer de mediana de edad, a la cual la anciana le comenta una y otra vez que la cruz del tercer milenio se ve desde la ventana sucia de esta sucia habitación.- Se ve tan bonita- repite casi con profesionalismo a esa mujer que no se cansa de escucharla. Yo miro, con cuidado, no quiero que mi asco sea descubierto. Puesto que esta misma paciente mujer que ahora acompaña a la anciana, denostó, con alevosía, al auxiliar que custodia los horarios de visita para esta parte del hospital.

Ese auxiliar se llama Nelson, Don Nelson. Lleva años en esto. Es funcionario público, y se le nota a leguas. Desde su calipso y desgastado delantal hasta en su monosilabico lenguaje.- no, si, de 2 a 3, son las reglas- desconozco si maneja más palabras que estas, puesto que en las últimas dos semanas, es lo único que lo he escuchado decir. Quiero creer que si, que sabe mas.

Don Nelson huele a hospital, a novocaína, a penicilina, a gritos, insultos y horas extras no remuneradas. Lleva tanto tiempo en esta institución, que parecen hasta compartir la personalidad. La forma de actuar de don Nelson, es la forma de actuar de este hospital, y las distintas habitaciones en el parecen reflejar, con una demoníaca presicion, los rasgos de carácter de Nelson, perdón, Don Nelson.

El don en cuestión, se mueve en silencio, es el único que se queda hasta después de su turno, para asegurarse de que las “chatas” estén en su lugar, limpias y que el olor a mierda, se desvanezca entre uno de sus trucos con los jabones desinfectantes. El sabe que las enfermeras no logran completar su labor por completo, y prefiere darse unos segundos mas, sabe cuanto trabajan sus compañeras. No habla, solo hace su trabajo, y se va. Ayer claro, fue la excepción.

La anciana de 34 años y su hígado descompuesto, llegaron pasada la media noche, tanto yo como mis compañeras de alcoba, despertamos de forma abrupta en espera de una explicación por los sueños a media asta y el silencio roto a esas alturas de la noche. Pero no había tiempo, los paramédicos se movilizaban con una inusual sagacidad, casi al ritmo de los gritos de la vetusta joven. Afuera, aullidos se desprendían de familiares con la incertidumbre colgando de sus cuellos, la falta de certeza de los respiros de esta añejada mujer, parecían convertirse en espinas en las gargantas de sus familiares, generando fisuras que parecen gemir desde las carnes mas vivas de la angustia. Don Nelson, miraba, con inhumana paz desparramándose sobre su rostro, en unos cuantos minutos mas abandona su puesto, baja las escaleras, toma un colectivo, san Juan - centro, 7 minutos y su cuerpo abandona el esfuerzo del día para lograr la tranquilidad absurda del sueño. Pero no. Se queda. Debe evitar que los familiares ingresen a este sector del hospital. Nuevas formas de insultos se vierten sobre el, siente el mal aliento de la hija del futuro y femenino cadáver, que insistía en su derecho a estar con su madre unos cuantos minutos antes de convertirse en polvo, nostalgia, en nada. Pero los gritos cesan, la joven anciana ahora esta lo suficientemente dopada como para evitar conectarse con el palpitar agonizante de su hígado. Los doctores y paramédicos, no malgastan esperanzas y dan su veredicto entre ellos, como espiando la culpa de no haber llegado a tiempo, se van y dejándola ahí, como un perro apaleado por el costado, al cual le es hasta un esfuerzo respirar. El medico de cabecera, cumple con el macabro protocolo hospitalario, hablan con la hija, entregan su sentencia lapidaria, se espera que en dos días más, sencilla y naturalmente, fallezca. Por ahora no pueden entrar, deben esperar hasta mañana. Su hija, en su condición de humana, ya no cuenta con paciencia, no desea esperar hasta mañana. Don Nelson, tampoco.

Ya habían transcurrido dos horas desde aquel incidente, mis compañeras de cuarto ya dormían, al igual que yo. Pero el olor a descomposición y este extraño sonido, me trajeron de vuelta al universo de los despiertos.- Tranquila, mire que todo va estar bien- una voz desgastada pero saturada de algo parecido a la ternura, se desprendía desde la cama que cargaba a la futura difunta.- A mi me sirve cantar, siempre que tengo pena me sirve cantar- acompañando esta escena, la mano de Don Nelson se deslizaba con un movimiento gentil, sobando la zona de la espalda que no lograba ser amortiguada por los sedantes. La madrugada y su secreto operar, un cuerpo a vísperas de cadáver, un auxiliar, el dolor, la gentileza, el olor a orines brindaron en este pantano, y en mi garganta, por la bondad resucitada, por el grito silencioso del socorro y de la humanidad salvada. Sin sacrificios y sin cruces. El hombre, por un minuto, se volvió hombre.

“Vamos saliendo por favor, el turnos de visita ha terminado”- anuncia Don Nelson-. La señora que hace un rato vilipendiaba a este auxiliar, vuelve al ataque, lo trata de inhumano, que le cuesta dejarla un par de minutos más ¿Acaso no tiene corazón, imbécil?- Decenas de insultos se dejan caer, desde las distintas habitaciones de este piso. “¡Idiota! ¡Aweonao! ¡Malo, ¡Que Te Cuesta Gil!”. El no dice nada, guarda silencio, está cansado, y aun quedan horas por cumplir. Sólo espera dejar todo limpio. En caso de que alguien ocupe nuevamente, la cama restante de esta parte del hospital.

martes, 29 de abril de 2008

Dos Bajo eL sOL






“Es un hecho, no puedo, no hay caso, lo intento pero no. A pesar de la embriaguez que entrega este coloso de piedra, historia y belleza que es machupichu, ni por mi afán de rescatar y alzar las raíces latinoamericanistas, de vivir y entender el mundo desde el prisma de nuestros orígenes precolombinos, de oponerme al Mc ondo de Fuguet y llenarme de gozo justiciero con las venas abiertas de Galeano, con el ritmo bélico y reinvidicador de “avanza, avanza, avanza y camina, despierta todo el pueblo de América Latina” , que sale desde mis audífonos, a pesar de todo ese arsenal, los incas…me caen mal”.



La Camila, me escucha, me mira, se ríe y no dice nada, ella es así, se guarda todo eso que quizás nos haría tan bien, que incluso me haría hasta cambiar de opinión। Pero es silenciosa, neohippie, latinoamericanista, fuma hierba y usa crema de caracol. A ella, creo que nunca le ha gustado mi discurso (ni al resto del grupo tampoco), a pesar de que nunca dice nada, pero cada vez que argumento que estos muchachos y muchachas precolombinas, tenían un sistema social con clases privilegiadas y otra trabajadora sin esos derechos y regalías, me mira de la misma manera que lo hace ahora, desinteresada, lo que me hace creer que la tengo chata con el temita.



Pero no es la Cami quién me preocupa ahora, es la coni, no su postura similar, sino sus dolores de cabeza। Justo cuando acabamos de recorrer el palacio de ñusta (que según el guía turístico de unos coreó americanos, se presume era la morada exclusiva del alto sacerdote) la atacó una jaqueca quizás esperada, y ciertamente destructora; la formula de esto fue fácil, el cansancio de la caminata devoradora de casi 5 horas del día anterior desde santa teresa hasta aguas calientes, más los mil y tantos escalones que implica llegar hasta este lugar sin nada más que mochilas, cocinilla, hierba y uno que otro motivo de escape, más su genética, todo eso en una jugera humana de pésimo estado físico y bam!, tienes una polola con jaqueca y solo 30 soles en el bolsillo.



Son las 1:30 horas, y esto parece un esso market internacional y los peruanos y peruanas que lo atienden, ilegales que trabajan para evitar la “migra”. La fauna está compuesta por españoles, gringos, coreanos, gringos-coreanos, chilenos rubios, hamburguesas, coca cola, menús en ingles, la flaca y Haylen mirando indecisas de, si deben o no, adjudicarse los restos de una hamburguesa y papas fritas que acechan hace unos minutos y al lado de todo eso, yo, chupando un sobre de mermelada, con la coni acostada, pálida, desahuciada ya amiga del portero del baño producto de sus numerosas idas a vomitar agua y galletas.
Bajar a pie ya no es una opción, está claro, sólo contamos con 30 soles y plata chilena, y los buses que salen cada 5 minutos atestados de cabelleras blancas y rubias, exceden nuestro escuálido presupuesto।



Han pasado unos cuantos minutos, flaca y Haylen intentan inútilmente convencer a la peruana que atiende unos de los locales gringos y brillosos, que acepte dinero chileno, pero esta no sede। La cami está en plena marcha hacia waynapichu, hace frío, cada vez caen más gotas del cielo, pero aún así la coni ha logrado dormir. Yo intento lucubrar algo que evite establecer una malévola alianza con la desdicha, pienso en mi casa, en un auto, en un hospital, en un cigarro, en comida, en la coni sin malestares, en golpear a un par de ancianos y robar sus tickets y ocupar sus asientos en una de las “combi”, pero no, nada, todo resulta tentador pero inaccesible a estas alturas. En esto me lamento, cuando lo veo, moreno, de rasgos insoportablemente incaicos, el único nativo en esta residencial del mundo desarrollado.



Su nombre es Wanca, o al menos eso lo entendí a la chica que vendía los tickets y que me negó una rebaja en el precio. Don Wanca es quien está a cargo de las combis, los buses que bajan, es peruano hasta en su modo de respirar, tiene la piel curtida, rasgos toscos, grandes, unos ojos que dan la impresión que lo han visto todo. El me escucha atento, cordial, planteó todo cual es, sin ánimos de persuadir, solo contar todo cómo es, 30 soles, plata chilena, y mi “enamorada” al borde del colapso.
- ¿eres chileno?
Todo cambia, escena dos, mi dinero, mi natividad, todo eso ahora parece restar.
- en tu país mi dinero no sirve, tampoco el tuyo acá, ¿Por qué tendría que entregarte un pasaje? en tu país no nos hacen eso, al hermano peruano no se le trata con respeto, además tu eres chileno y…
Don Wanca, ya no habla, pregona, comienza a expulsar su chovinismo con fuerza, mi acento se volvió combustible, y hacen estallar en él un discurso lleno de fuego y rabia hacia el lugar donde nací, a una historia en la cual no estuve, a decisiones en las cuales nunca participe, ni tuve posibilidad de opinar। Poco me preocupa escucharlo, quiero mandarlo a la mierda, lejos, con sus recuerdos, su acento sesudo y su descendencia incaica, opresora y nacionalista, pero no hay tiempo para rabias personales, la coni esta a vísperas de reventar, y el paisaje que me rodea no merece sangre, ni mordiscos humanos, ni chilenos ni peruanos. Me calmo, y logro disuadirlo, somos pueblo latinoamericano, no podemos culparnos por lo que hacen nuestros dirigentes, ya bastante daño nos hemos hecho para seguir tratándonos así, no se si me cree o es la cantidad de gente que nos comienza a rodear lo que lo intimida, pero me mira como entendiendo lo que quiero decir, y lo que no quiero decir, y acepta, dos pasajes por 30 soles.



Ahora vamos bajando, sentados, y vemos por la ventana como unos mocosos de no más de 10 años disfrazados de Chasquis, bajan corriendo con el corazón en la lengua, a mil por hora, por el camino por el cual subimos, tratando de alcanzar a la combi en cada curva que toma mientras desciende hacia aguas calientes. La coni ahora duerme, y no se entero nada de lo que ocurrió, afortunadamente. La cami, me imagino que ha de estar en lo alto, en waynapichu, a 3.000 mts de altura, contemplando feliz, como siempre, arriba, sin saber nada de lo que pasa, de lo que ocurre 3000 mts mas abajo, espero descienda pronto. Yo, comienzo a quedarme dormido, y la verdad, no tengo muchas ganas de despertar.