martes, 20 de septiembre de 2011

Ticket de ida.


Ticket de ida.

Miguel se levantó aquel día y partió a la escuela con el único objetivo de subir las notas. Así de simple. Era posible. Algo en él sabía que a partir de hoy las cosas cambiarían. La convicción de esto se esparcía en su cara, desde su frente brillosa a la sonrisa que comenzaba a esbozar cada 17 segundos sin saber por qué. Su madre no estaba allí para notarlo, dormía producto de las pastillas, que siempre toma cuando discute con su marido. Su padre sin embargo, cruzó la puerta justo cuando Miguel terminaba su taza de té. El padre solo lo miró y preguntó en un tono acusante “y a vo, ¿Qué wea te pasa?. Miguel no respondió, temía que su respuesta se volviera en contra, así que optó por reír, reír para escapar. Como tantas veces, la sonrisa esquivo el golpe. Su padre, esta vez visiblemente mas borracho que otras ocasiones, no tomo esta sonrisa como un indicador de alegría y voluntad, y cayó cual saco de papas, sobre el living de su casa. Ebrio. Violento. Ignorante de los motivos que sostenían la sonrisa maquillada de su hijo. Miguel, contemplo las carnes vencidas y desparramadas que formaba su padre en el piso por unos cuantos segundos. Miro el resto de la casa, el silencio abrumador se materializaba en un agudo chirrido que favoreció que en 4 minutos, todo pareciera más pequeño, o acaso el se tornaba gigante, acompañado de un coraje que pareciera colarse por cada uno de sus poros, de los moretones, de su miedo y su ingenuidad. Coraje que se transformaba paulatinamente en movimiento, en pasos, en salir y escapar, un ticket de ida. Nada más bastaba.

El padre de Miguel se llama Francisco, y es por su nombre que su esposa lo llama, han pasado más de 5 meses, 5 meses y 16 días para ser exactos, los tienen marcado en el calendario con la foto de Miguel abrazado a su perro. Ese mismo que mandaron a hacer cuando paso una semana, desde la desaparición de Miguel, y que ahora está colgado en la puerta de la cocina. La madre de Miguel, llama por segunda vez a su marido, deben ir a la comisaria, alguien llamó afirmando ver a un niño con las características de su hijo camino a Copiapó, Francisco sólo espera que esta vez sea cierto, porque un aviso en falso más, y comenzará a beber de nuevo.